sábado, 11 de marzo de 2017

Alegoría a la vida comunitaria

LA NEGRITA


Por ROBERTO CARRASCO, OMI


Cuenta la historia que un viejo sacerdote en el jardín de la Casa General de su Congregación antes de irse quiso dejar sembrado una MAGNOLIA LLIFLORA "Nigra". 

Todos los misioneros que vivimos en la casa lo recordamos siempre. Nunca el jardín estuvo tan vivo como cuando él estaba allí dedicándose. Cada vez que entrábamos o salíamos lo veíamos trabajar. Siempre con una sonrisa en los labios nos decía: "¡Que tengas un bonito día!". 

Observando a este viejo misionero y de cómo tenía esa delicadeza por acercarse a la natura, daba la impresión que dialogaba con las plantas, las flores, los frutos. Se veía en sus acabadas manos el cariño y la dedicación que le ponía al jardín. Esas mismas manos que consagran el Pan y el Vino en las Misas de cada día.  Una vez le pregunté. "¿Te gusta trabajar en el jardín?". Muy sabia respuesta me dio. "No es un gusto, es que quiero ocuparme en algo bueno. Y estar con las plantas es reconocer en ellas la belleza de todo lo creado". "¡Inténtalo!"... me dijo con énfasis. 

Cada cosecha de ajíes, cada fruta cosechada, cada verdura era simplemente para compartirla. Le encantaba dedicarse a ello. Cuando no estaba en casa, porque se ausentaba por algunos días, pedía a uno de nosotros a que nos dedicásemos un rato a regar un poco de agua por las noches.  "La vida comunitaria es como este jardín", me dijo. "Si le dedicas tiempo y entrega puedes obtener de ella sus mejores colores y sus mejores momentos". 

Yo me quedé pensando sobre esto. "¡Mira los grandes pinos que están allí. Pareciera que no hacen nada, pero los años le han enseñado a estos viejos pinos que su presencia es ya un gran trabajo". Y de veras, mirar los pinos es diferente que contemplarlos. Su grandeza y su fortaleza es fruto de tantos años en medio de las tormentas, de los momentos fríos o de los fuertes días de sol. Lo bonito de ello es que en ningún momento -los pinos-, por más grandes y viejos opacan la belleza de los pequeños. 
Todo lo contrario, estar cerca de ellos es reconocer cuanta VIDA encierra cada uno. Si ellos hablaran qué nos dijeran. Este viejo pino sabe dar espacio al pequeño árbol para que también sepa aprovechar de los rayos del sol. Este viejo sacerdote en todo momento tenía un tiempo para el jardín. Todos conocíamos de su gran responsabilidad. Tuvo muchas y por muchos años. Si algo que todos valoramos es su GRAN HUMANIDAD. 


Una persona muy cercana, sincera, recontra humano. Cada vez que se acercaba era para animarte a hacer algo nuevo, algo bueno. Y era cierto, todos lo veíamos y no nos cansábamos de reconocer cuanta sabiduría hay en él. La natura es sabia, en cada contacto le ha sabido transmitir eso que es propio de la natura: LA SENCILLEZ.  

Cada primavera era una ocasión para saltar de alegría. Verlo correr con la sonrisa en el rostro hacia el jardín. Verlo como se alegraba cuando brotaba no sólo una flor, sino muchas. TODAS A LA VEZ MOSTRABAN LO MEJOR QUE TENÍAN, Y NINGUNA DE ELLA OPACABA A LA OTRA. De eso se trata la vida en común. 

Hasta incluso, aquellas a quienes no le daba el fuerte sol, esas que parecían escondidas entre las ramas. Ellas también, si te les acercabas te mostraban lo mejor que tienen, lo bellas que pueden ser. PERO HAY QUE ACERCARNOS, de lo contrario, no sabemos nada de ellas. Esta magnolia tiene la característica de ser NEGRITA. Y eso le da el tono especial. Sus grandes pétalos, sus fuertes ramas, sus fuertes raíces, pero sobretodo su bella textura, da la impresión de que se trata de una flor que parece delicada, pero es fuerte. Será porque viene del Oriente. 

Cada primavera temprana nos saluda. Es típica de ella mostrar sus grandes flores rosas o púrpuras. Aquí en la Casa General, ella nos está avisando que la primavera está muy cerca. No es un árbol propiamente europeo pero ha sabido adaptarse a Europa y mostrarse como es: BELLA. La vida de este viejo sacerdote, -creo que toda su vida-, es como esta magnolia. Su sencillez, su entrega, su color, nos avisa que la primavera de la vida religiosa está cerca. 

ES POSIBLE CRECER SIENDO UN ARBUSTO, PERO EN MEDIO DEL JARDÍN Y EN MEDIO DE LOS VIEJOS PINOS, LAS FLORES ROJAS O PÚRPURAS NOS SEÑALAN QUE LA VIDA TIENE COLORES ESPECIALES. NO TODO ES VERDE NI SECO. Sólo basta con acercarnos para conocernos mejor. 


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